Educrítica

Espacio para la reflexión sobre temas educativos

Shock

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La doctrina del shock es un clásico análisis de los últimos acontecimientos económico/sociales en el mundo. Salvando las distancias, podemos pensar que el proceso que se ha seguido hasta proponer la LOMCE siguen los pasos de la propuesta de N. Klein.
Al grito orweliano: “Os exprimiremos hasta la saciedad, y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”, se ha puesto en marcha una estrategia contundente.
El primer paso se ha centrado en desconectar el papel del Estado y “desregular” el funcionamiento del sistema educativo con el objetivo de crear un caos. En la educación, como en la economía, el Estado debe tener un papel marginal. La Escuela de Chicago comprobó, en múltiples situaciones, que era una forma categórica de dejar todo en la mano invisible del mercado. Este caos ha tenido una doble dimensión: subjetiva y objetiva. Como en las sesiones de electroshock se ha provocado una regresión en el funcionamiento tanto de las personas como del sistema educativo; una pérdida de memoria, eliminando las pautas de comportamientos de los sujetos y de  instituciones.
Después de varios cursos de destrucción masiva de aquello que leyes anteriores habían creado, la LOMCE se ha presentado como la solución: un nuevo “orden” para que funcione de una forma nueva. Las cosas estarán ordenadas de una vez por todas (reválidas, teoría del esfuerzo, privatización…). En el conjunto social había que volver a recuperar el equilibrio anterior a las etapas de LOGSE cuyo logro más destacado ha sido conseguir que las clases populares pudieran tener acceso universal a la cultura. Había que hacer las cosas “como dios manda”, conseguir que los “talentos”, de los de siempre, se desarrollen sin la interrupción de los ilegítimos pobres/inmigrantes. Todos los males, los desequilibrios que sufría el sistema educativo, han sido provocados por la egebización de la cultura, de la escuela. La libertad de elección de centros es otro aspecto del mantra de la libertad de mercado. Friedman dixit. El éxito escolar, o su fracaso, se debe a características exclusivamente personales. La durísima crisis económica asegura la fidelidad a las soluciones propuestas. La economía estaba en un periodo de acumulación y la educación debía seguir el mismo camino.
En este momento, todo el mundo está cansado de cambios, de datos estadísticos nefastos, de escalas pesimistas…Cualquier propuesta, incluida la de no cambiar nada y aceptar lo “que hay”, puede ser admitida. Ya no hay que plantearse la utopía, hay que ser realistas. Este es el triunfo del shock. Los Chicago boys han triunfado otra vez.
Ahora que se habla de pactos, de nuevas leyes de educación, el punto de partida es un fracaso y una actitud conservadora, fruto de la decepción,  conforma el sentir de muchos claustros. Se necesita una energía extra para no generar un discurso que reproduzca y fortalezca este lugar de partida. ¿Contamos con profesorado con este grado de osadía creativa para romper este círculo vicioso? Supongo que sí.

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Esta entrada fue publicada el 1 de octubre de 2015 por en Reflexiones.
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