Educrítica

Espacio para la reflexión sobre temas educativos

Violencia simbólica

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El poder no es algo externo, algo que una clase, un sujeto dominante, impone a otro sujeto dominado. El poder para imponerse necesita, entre otras cosas:

  • Contar con la aprobación, más o menos consciente, del  sujeto dominado
  • Ser una relación más o menos invisible.

En la realidad social neoliberal existen las relaciones asimétricas entre sujetos y hay mecanismos que reproducen esta situación. Existen las clases sociales y, además, se mantienen generación tras generación.

Uno de los mecanismos sociales de reproducción es el sistema educativo: el poder de la clase dominante, con la ayuda del Estado, impone la arbitrariedad escolar (selección intencionada de contenidos escolares arbitrarios) como algo legítimo, ocultando así su poder basado en los intereses de clase.

Esta imposición en el sistema escolar adquiere varias formas:

. El conocimiento disciplinario: organizar la enseñanza  distribuida en disciplinas: producción de conocimientos disciplinarios y producción de sujetos disciplinados dispuestos a aceptar como “natural” lo que son construcciones sociales coyunturales.

. La imposición de los exámenes: modo cuasiuniversal de legitimación evaluadora, momento álgido de imposición en el que el saber se transforma en poder. Yo tengo el poder de suspenderte (¡colgarte!) por no saber lo que yo, representante del poder evaluador del Estado, he decidido que tienes que saber. Tengo poder para declararte “excluido”. El alumnado está obligado a realizar prácticas escolares, exámenes obligatorios, que clasifican y producen desigualdad en nombre de la “igualdad de oportunidades”.

. Homogeneidad como objetivo: tratar formalmente a todos como iguales oculta la desigualdad real. La escuela “olvida” que  existen las desigualdades sociales. Esta aceptación, (¿acrítica?, ¿inconsciente?) por parte de los dominados es una colaboración que refuerza su ser dominado.

La violencia simbólica es  sutil y omnipresente. A partir de este momento la situación de dominación formará parte del “habitus” del dominado, se incrusta en las estructuras de interpretación de su realidad  como algo “normal”. Al final de este proceso ya no hace falta “imposición externa”, es el propio sujeto el que se orienta/interpreta su vida, sus relaciones sociales, como ser dominado/domado

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Esta entrada fue publicada el 28 de enero de 2014 por en Evaluación, Profesorado.
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