Educrítica

Espacio para la reflexión sobre temas educativos

Mercados

Mano

Durante décadas nos han “predicado” que los mercados se autorregulan, que la “mano invisible”  era infalible y que el papel del Estado es dejar hacer a los poderes económicos.

Asistimos a un espectáculo burlesco: el capital exhibiendo, impúdicamente, cifras obscenas y los políticos entretenidos dibujando en el aire arabescos con programas incumplidos. Se ha conseguido embobar al gran público lanzando teles más planas, móviles con más megas… lo último en diseño. En este mercado-teatro prostituido ya se intercambian reflexiones/soluciones  sino objetos.

Se ha provocado un efecto colateral: generaciones enteras confunden hacer política con votar irreflexivamente, -¿fanáticamente?- al partido de turno. Una de las múltiples manifestaciones de la crisis de racionalidad habermasiana.

El Estado y los gobiernos se utilizan como tapadera para convencer que el capital, es decir el interés de unos pocos, no puede estar a dieta, que debemos prestarnos a ser devorados para que la situación no empeore. Nos acusan de que consumimos poco y nos castigan con la bajada de sueldos y prestaciones sociales.

 “La mano invisible” es una forma alienante –pura ideología en términos marxistas- que impide la reflexión y oculta los negocios que favorecen solo a los capitalistas.  En realidad la mano invisible es un puño visible que reparte infinitas bofetadas a todos los pobres de la tierra

La economía, como la política, exige la palabra, la discusión, que afloren los distintos intereses, que se decidan razonablemente las soluciones democráticamente. Éste debe ser el papel del Estado, única forma de que a la larga pueda legitimar su papel social.

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Un comentario el “Mercados

  1. Manuel Pérez Martínez
    9 de marzo de 2014

    Mucha razón en tus palabra…
    Nacionalizar la banca y desprivatizar los medios de producción. Creo que esa es la única forma posible de remediar los problemas económicos que sufrimos actualmente en este sistema capitalista.
    Las “bajadas de sueldo” de las que hablas, dirigidas para subsanar el problema del excesivo consumo, incitado por el gobierno que nos dirige. Ese gobierno que nos dice que “apretemos el cinturón”, mientras que la sociedad y los medios de comunicación nos repiten constantemente que “consumamos”. ¿Por qué ayudar a arreglar con nuestro salario errores de otros? ¿Acaso no es cierto que en la casa del obrero siempre ha habido crisis?.
    Es cierto que en política y en economía, al igual que en todos los ámbitos de la sociedad los problemas se resolverían mediante el diálogo y la opinión democrática. ¿Pero acaso vivimos en una sociedad democrática?. A mí nunca, en mis dieciocho años de vida me pidieron mi opinión. Siempre me han impuesto todo y me han dicho qué y cómo debo hacerlo (tanto en la escuela, como en cualquier aspecto de la vida). Deberíamos retomar entonces, si es que algún día existió en nuestro país, la palabra DEMOCRACIA. Democracia no es votar cada cuatro años a un partido político, en un sistema capitalista y bipartidista en el que solo es posible que gane el PSOE o el PP; es decir capitalismo A o capitalismo B. Subvencionar privilegios que solo disfruta una minoría, eso no es democracia.
    La cuestión no es hablar de pequeños cambios, sino de cambiar el sistema en su totalidad.

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Esta entrada fue publicada el 13 de enero de 2014 por en Actualidad, Reflexiones.
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