Educrítica

Espacio para la reflexión sobre temas educativos

Enseñar, aprender para el examen

En el mundo de la educación hay un artilugio que pasa desapercibido, es más, se considera que algo natural.  Actualmente, las reformas educativas propuestas por los dirigentes políticos lo han reforzado: es el examen.

Este invento de los mandarines chino se hace presente en todas las aulas; no se concibe la enseñanza sin su presencia. Casi todo el profesorado, en la primera semana del curso, habrá explicado cómo son sus exámenes y todo el alumnado o, casi todo, habrá tomado buena nota de cómo va a tener que responder. Es un artefacto que impone un determinado formato al proceso de enseñanza y al modelo de aprendizaje.

El alumnado organizará su actividad estudiantil para responder a las exigencias marcadas por los “criterios de evaluación”, más o menos explícitos. Su concreción se conseguirá hablando con los antiguos alumnos de las asignaturas de marras.

El examen, como el examen jesuítico de conciencia, requiere de una liturgia propia: los alumnos son citados, incluso identificados con su DNI, (también vale el carnet de conducir, una manifestación más del poder del automóvil); se ordenan en el aula (hay incluso grandes espacios específicamente dedicados a ello, medida antieconómica en estos tiempos de búsqueda, a toda costa, de la rentabilidad); han sido previamente  adoctrinados sobre el tipo de preguntas  que va a tener que desarrollar, del tiempo que va tener a su disposición, de los materiales que va a poder utilizar, etc…;los alumnos deben estar absolutamente solos en el grupo masificado de la clase;  es obligatorio mantener el silencio absoluto para la facilitar su concentración; el profesor se transforma  en vigilante (representante de la autoridad pedagógica), etc…

 Y como si  de la transustanciación litúrgica se tratara, el saber se transforma en poder (Foucault).

Antes de llegar a la consumación: ya se había amagado con exámenes sorpresa y de vez en cuando se ha golpeado las mentes de los distraídos alumnos con aquello de “esto entrará en el examen”. Los conocimientos no son importantes en sí, solamente son importantes si entran en el examen. Todo esto no es otra cosa que puro ejercicio de violencia simbólica (Bourdieu), materialización de la arbitrariedad pedagógica.

Cuando un alumno/a no reacciona ante el poder intimidatorio de esta violencia, el profesorado, en general, se queda, literalmente desarmado. Nuestros políticos no se les ocurren  más que estas soluciones (a todas luces equivocadas) más exámenes y legislar para que los profesores se transformen en autoridad pública (como si de las fuerzas de seguridad se tratara). Está claro que vamos en dirección contraria, hay riesgo de colisionar con la realidad que circula en el otro sentido

Anuncios

¿Qué piensas tú?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 13 de noviembre de 2012 por en Evaluación, Profesorado.
A %d blogueros les gusta esto: